Por Ricardo Reyes.
En las calles bulliciosas de México, donde el sol abraza con igual intensidad a ricos y pobres, miles de personas duermen bajo el cielo estrellado o en rincones improvisados de concreto.
No son sombras anónimas: son familias enteras, niños con ojos curiosos y padres exhaustos, atrapados en un ciclo de supervivencia que el país parece haber olvidado. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México hay al menos 5,778 personas en situación de calle, un número que, aunque subestimado por muchos expertos, revela una crisis que va más allá de la estadística: es una herida social abierta.
Pero, ¿cuántas de estas son familias? ¿Cómo sobreviven día a día? Este reportaje explora la magnitud del problema y las historias que lo humanizan, basándose en censos oficiales, testimonios y análisis recientes.

¿Cuántas Familias duermen a la intemperie?
La indigencia en México no se mide con precisión quirúrgica. El Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI registró por primera vez a esas 5,778 personas sin vivienda fija, aquellas que pernoctan en espacios públicos como parques, banquetas o puentes. De ellas, el 81% son hombres y el 19% mujeres, con un rango de edad que va desde niños hasta adultos mayores.
Sin embargo, el dato nacional es un mosaico incompleto: se concentra en zonas urbanas, y excluye a quienes rotan entre albergues o viven en condiciones precarias pero «techadas» con cartón o plásticos.
Cuando hablamos de familias, la cifra se difumina aún más. Las estadísticas oficiales no desglosan específicamente hogares enteros sin techo, pero informes de la Secretaría de Bienestar de la Ciudad de México (Sebien) y organizaciones como la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) indican que las familias representan un subgrupo significativo, aunque minoritario, de esta población.
En la capital, donde se realiza un conteo anual riguroso, el último registro (2023-2024) identificó 1,124 personas en situación de calle, de las cuales alrededor del 15-20% involucran a grupos familiares, según estimaciones de la sociedad civil. Esto podría traducirse en unas 150-200 familias en CDMX solas –madres con hijos, parejas con infantes– durmiendo en el frío de la urbe.
A nivel nacional, extrapolaciones de expertos como los del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) sugieren que al menos 500-800 familias podrían estar en esta condición extrema, aunque el número real podría duplicarse si se incluyen a quienes «viven en la calle» pero mantienen lazos familiares frágiles.
El problema se agrava en ciudades como Puebla, Guadalajara y Monterrey, donde el censo de 2020 reportó cientos de casos adicionales. Factores como la migración interna, la pobreza extrema (que afecta a 7 millones de personas en 2024, según INEGI) y la falta de vivienda asequible impulsan esta realidad.
Curiosamente, México tiene una de las tasas más bajas de indigencia en América Latina: menos del 0.005% de la población total, comparado con el 0.2% en Estados Unidos.
Pero números fríos ocultan historias calientes: en 2025, con la inflación y el desalojo de predios irregulares, las cifras podrían haber crecido un 10-15%, advierten ONGs como Techo México.
Una Vida entre Cartones y Sombras: Cómo Sobreviven.
Imagina despertar al sonido de cláxones y vendedores ambulantes, con el estómago rugiendo y el cuerpo entumecido por el pavimento. Así comienza el día para las familias sin hogar. En México, la «situación de calle» no es solo falta de techo: es un laberinto de vulnerabilidades.
El Día a Día: Supervivencia Cruda.
La mayoría duerme en improvisados campamentos: cajones de cartón en portales, toldos de plástico en parques o debajo de puentes.
Las familias, en particular, buscan rincones «seguros» como aceras en colonias céntricas, donde los niños pueden jugar sin tanto riesgo.
El desayuno es un café de la caridad o sobras de taquerías; el almuerzo, lo que se mendiga o recolecta vendiendo chatarra. «Recolectamos botellas para comer», cuenta un testimonio en un documental reciente, donde una madre describe cómo su hijo de 5 años aprende a clasificar reciclaje antes que a leer.
En CDMX, el 85% de estas personas son hombres adultos, pero las familias enfrentan horrores únicos: niños expuestos a la violencia callejera, madres lidiando con acoso o embarazos no deseados.
La adicción es un escape común –alcohol o sustancias para «olvidar el hambre»–, pero también un riesgo: el 30% reporta problemas de salud mental derivados del trauma.
Riesgos y Discriminación: Una Sociedad que Mira de Reojo.
Vivir en la calle significa jugársela todos los días. En 2025, al menos siete personas murieron de hipotermia o violencia en una sola semana en CDMX.
Las familias sufren más: niños separados por Servicios de Protección (como el DIF), o padres arrestados por «vagancia» –una práctica inconstitucional, según la CNDH.
La discriminación es rampante: el 70% ha sido agredido verbal o físicamente por transeúntes o policía, solo por su apariencia desaliñada.
Acceso a servicios? Un sueño lejano. Solo el 20% llega a albergues, que están saturados y criticados por condiciones «inhumanas» –hacinamiento, pérdida de pertenencias y reglas estrictas que separan a las familias.
La salud es precaria: enfermedades respiratorias, infecciones y desnutrición afectan al 40% de los niños en calle. Y la educación? Casi nula; muchos infantes «de la calle» –aquellos con lazos familiares rotos– entran en ciclos de delincuencia menor desde los 3 años.
Voces desde la Calle.
«Queremos ser ciudadanos de calle, no habitantes», dice un activista en un reportaje de Pie de Página. Historias como la de María, una madre de dos en Guadalajara, ilustran la resiliencia: expulsada por deudas, sobrevive vendiendo artesanías, pero sueña con un techo para sus hijos. O los «chavos banda», niños de tercera generación en la calle, reclutados por cárteles.
Estas narrativas revelan causas profundas: pobreza (38.5 millones afectados en 2024), migración y fracturas familiares.
Hacia un Futuro con Techo: ¿Qué se Puede Hacer?.
México ha avanzado en pobreza general –bajó al 29.6% en 2024–, pero la indigencia persiste por falta de políticas integrales. Iniciativas como los Centros de Asistencia e Integración Social (CAIS) en CDMX ofrecen comida y orientación, pero cubren solo al 10% de la demanda.
Organizaciones como Próninos de la Calle abogan por vivienda transitoria y reunificación familiar.
El llamado es claro: urge un censo nacional actualizado, más albergues familiares y programas de inserción laboral. Porque en un país de 133 millones, ignorar a 5,778 (y subiendo) es condenar generaciones. Las familias sin hogar no piden lástima: piden dignidad. Y México, con su calidez legendaria, puede dársela.
Fuentes: INEGI, Sebien, CNDH.
